En defensa de las tortugas

Rafael Arturo Acuña Mesén

 

 

Cuando uno se ha propuesto como meta luchar para que ciertos organismos vivos no se extingan, se presenta el hecho de que hay que convencer a los demás acerca del valor de este esfuerzo. Hay que hacerle ver a las otras personas, que esa planta o animal por el que se lucha, merece la pena conservarse y protegerse.

Todo ser viviente, por insignificante que sea es una creación maravillosa, realizada por Dios, a través de la naturaleza y que por este motivo, el ser humano no tiene el derecho de atentar contra la sobrevivencia de las especies. Para mí este argumento es suficiente. Pero para algunas personas, no lo es.

Recordemos que existen hombres y mujeres que lamentablemente no creen en Dios y piensan que los seres vivos y la materia que los forma surgieron de la nada. También existe otro grupo de personas que con cierta sutileza expresan al respecto lo siguiente:

"¡Está bien, lo que usted dice, yo estoy de acuerdo que son criaturas de Dios y todo lo que usted quiera!, pero, ¿cuáles son las otras razones por las que debemos evitar su desaparición?"

En otras palabras, hay que evitar la desaparición de estas especies porque sirven para algo y sólo conservamos lo que es útil. ¿Significa entonces que los quelonios o tortugas son útiles? Las respuestas que se pueden dar a esta última pregunta son muy variadas y pueden enfocarse desde distintos puntos de vista y niveles.

Alguno probablemente pensaría que las tortugas no sirven para nada, porque nunca durante su vida, ni en su experiencia personal observó que tuvieran utilidad. Otros pensarían que simplemente son animales llamativos debido a su caparazón y porque viven cientos de años y que son reptiles para mostrar a los niños o adultos que nunca han tenido la oportunidad de tener entre sus manos uno de ellos.

 

Figura 35. Tortuga de Costa Rica.

 

Los que han comido los huevos o la carne de tortuga, la consideran un animal importante desde el punto de vista alimenticio y, quizá equivocadamente, hasta con propiedades afrodisiacas que no solamente provee alimento proteico sino de un irresistible magnetismo, especial para atraer y conquistar un amor imposible. Por su parte, los comerciantes grandes o pequeños que trafican con huevos, calificarán la tortuga como la "gallina de los huevos de oro" y con sus acciones este animal terminará como el de aquella fábula, si no se frenan los abusos de los comerciantes inescrupulosos.

Las tortugas marinas, a diferencia de las de río o de tierra, son privilegiadas en cuanto a su utilidad, aunque esto puede ser un arma de doble filo como acabamos de ver. Ese privilegio se convierte en desgracia. Casi todo el mundo sabe para qué sirven las tortugas marinas. Hasta para atraer turistas. Su comportamiento reproductivo (individual) o colectivo (flotas) en nuestras playas de Guanacaste, Puntarenas y Limón atrae a mucho turismo nacional y extranjero. Gracias a ello, aunque sea una pequeña parte del dinero proveniente del turismo, queda en las localidades aledañas al sitio donde la tortuga llega a anidar.

Sin embargo, esto no siempre es así debido al egoísmo de las compañías turísticas. Muchas veces son otros los que se aprovechan de este extraordinario recurso turístico, sin que los moradores de la zona puedan evitarlo, ni las mismas tortugas "reclamarlo".

Siempre recuerdo una anécdota que me sucedió en playa Ostional, cuando realizaba una investigación científica con crías de la tortuga lora, allá por los años 70.

En mis recorridos frecuentísimos por esa playa, generalmente encontraba a las mismas personas recolectando los huevos de esa tortuga, excepto cuando había flota o arribada: la playa se llenaba entonces de gente desconocida. Observaba como la gente para mí conocida vendía a precios ridículos a los grandes intermediarios millares de huevos. Los intermediarios llenaban su camión y se marchaban.

Cierta tarde, tenía varias tortuguitas en un redondel localizado en la playa con el fin de averiguar con datos numéricos, cómo se orientaban al buscar al mar. De pronto, cuando más absorto estaba tomando datos, apareció un individuo del lugar, a quien había visto varias veces en las noches recolectando huevos. Con un machete en la mano me exigía echar al mar las tortuguitas que según él estaban siendo "torturadas".

Me gritaba que lo que yo quería era matarlas y que este servidor no entendía que los animalitos indefensos al ser torturados y luego matados nunca podrían volver a la playa a poner los cientos de huevos que él y sus vecinos más tarde recolectarían, que lo que yo estaba haciendo era criminal y estaba destruyendo una de las principales fuentes de ingresos de su familia.

Por más que le expliqué que lo que estaba haciendo no causaba ningún daño a las crías y que por el contrario traería grandes beneficios para la especie no lo comprendió y me obligó machete en mano a echar cada cría al mar frustrando así mi investigación (al menos por el momento, puesto que esta investigación y la de otros colegas sirvió de base científica para fundar la Cooperativa de Explotación de la Tortuga Lora en Ostional).

Cuando vio que no quedaba ninguna tortuguita en la playa se quedó tranquilo, al menos en apariencia. Al comprobar que realmente lo estaba, le hablé con mucha cortesía de que yo lo había visto varias veces recolectando miles de huevos y llenando sacos completos con ellos. Le indiqué que esta acción tan frecuente y exhaustiva ponía en serio peligro a la especie de la tortuga lora, pues impedía que la población de este organismo marino se reprodujera.

No sé si al final lo entendió o no. Lo que sí se, es que para él los huevos podían explotarse sin miramientos, pero las tortuguitas recién nacidas de huevos idénticos a los que él recolectaba, no debían ni siquiera tocarse. Hoy a la distancia pienso que en el fondo él tenía algo de razón. Sin embargo, este señor según pude captar, sentía consciente o inconscientemente que las tortuguitas nacían por generación espontánea de la arena.

Esta misma forma de pensar la he encontrado en otras personas que sobreexplotan otros tipos de recursos naturales. No se percatan que esos recursos como árboles maderables, animales silvestres, peces útiles desde el punto de vista alimenticio u ornamental, camarones, langostinos, moluscos como las chuchecas y pianguas, etc. poseen un ciclo de vida muy frágil y que si nosotros sobreexplotamos alguna o varias de sus etapas de desarrollo, estamos atentando contra la permanencia de tales especies en el futuro.

Pero volvamos al asunto de las tortugas, resulta pues que hasta para investigación sirven, veamos además otros tipos de utilidad que nos brindan. Por ejemplo, la tortuga roja que habita las tierras guanacastecas y puntarenenses ofrece un gran servicio al hombre y a la naturaleza. Ella se alimenta de gusanos y adultos que son plagas y que viven en el suelo, (como langostas, chapulines, cucarachas, abejones, barrenadores, etc.), hierbas, hojarasca de los bosques, zacates o cultivos de hortalizas y legumbres. En la casa esta tortuga mantiene a raya las cucarachas que transmiten tantas enfermedades e incluso come alacranes.

Otra tortuga, la candado, juega un papel muy importante en las cadenas alimenticias del ecosistema: actúa como un excelente control biológico de las poblaciones de caracoles. Los caracoles alojan en su interior cercarias y metacercarias que producen graves lesiones en el hígado humano. También esta tortuga contribuye a bajar la densidad de los mosquitos transmisores del paludismo (malaria) y dengue en los charcos, pantanos y riachuelos, pues se alimentan de sus larvas, esto significa que posee una gran importancia desde el punto de vista médico-sanitario.

Existe otra especie de tortuga llamada la tortuga café de tierra que gusta de comer banano, guayabas y cítricos caídos; colabora muy activamente eliminando frutas a punto de podrirse (o ya podridas) del suelo, evitando la proliferación de moscas u otros insectos. Lo mismo sucede con la tortuga negra de río que come los bananos o plátanos que las compañías bananeras arrojan a los ríos. Por su parte, la tortuga resbaladora tiene gran importancia económica. Sus crías son vendidas como mascotas en los acuarios y establecimientos similares (clínicas veterinarias, por ejemplo). Lamentablemente ello se hace a costa de las poblaciones silvestres, que se están diezmando a pasos agigantados a pesar de los esfuerzos que se están haciendo en Caño Negro.

En la zona Norte de Costa Rica los adultos sirven de alimento a los pobladores de la región. Su carne es considerada deliciosa por ser una tortuga herbívora y su caparazón se decora para venderlo como recuerdo. Por otro lado, este animal come lirio acuático, que en ocasiones se convierte en una plaga de ríos, lagunas y canales. Este lirio se reproduce tan rápidamente que llega a obstaculizar la navegación. Un método muy adecuado de eliminarlo es introduciendo muchas tortugas resbaladoras en los sitios donde existe este problema.

De mi infancia recuerdo vívidamente la crueldad de algunos de mis compañeros, que en lugar de cuidar una tortuga que llegó accidentalmente a los predios de nuestra escuela, se dedicaron a patearla (como si fuera una bola), la lanzaban hacia arriba para ver como se estrellaba contra las piedras, la colocaban en los caminos de tierra por los que transitaban carretas para ver si soportaba el peso de las mismas.

Más recientemente me tocó observar durante una de mis giras, como un grupo de niños y adolescentes con uniforme habían colocado una tortuga en plena vía para ver si el caparazón de la misma aguantaba el peso de los grandes camiones. Mi opinión es que este acto es señal clara de que ni sus padres de familia ni sus maestros les han enseñado a amar la naturaleza y a los seres vivos que la constituyen.

Ojalá que el lector se haya percatado de que las tortugas, tanto marinas como de ríos y terrestres, son valiosas. Por eso Dios, a través de la evolución de la naturaleza las puso junto a nosotros en este planeta tan lleno de vida. Le corresponde al hombre como el ser vivo más poderoso de la biosfera, conservar y preservar a estos seres tan extraordinarios pero a la vez tan débiles. Todo organismo viviente cumple una importante función en este mundo, eso no debemos olvidarlo. Sólo si el ser humano concreto (que somos Ud., los demás y yo), nos dedicamos a esta labor con sinceridad, podremos seguir obteniendo los frutos que estas especies nos ofrecen. ¡Démosles protección adecuada y ellas generosamente nos recompensarán!

 

Tomado de BIONET 1: 17-19, 1996, reproducido con autorización del autor y de la revista.

 

 

 

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